La decana que frenó a las porras

Una pancarta con el lema “la razón de la fuerza contra la fuerza de la razón” recibe al visitante en la Facultad de Historia de Valencia. Dentro hay otras que muestran al visitante recuerdos de una asamblea nocturna y multitudinaria que se celebró la madrugada de ayer después de las cargas policiales del lunes. En la puerta, alumnos de Bachillerato visitan las instalaciones universitarias para conocer dónde pueden estudiar el año que viene.

Son las diez de la mañana y el hall de Historia está vacío; sólo se ve un termo de café, algunos folletos, restos de bocadillos y tres jóvenes informando de lo que se ha decidido la noche anterior. La Facultad de Historia de la Universitat de Valencia ya está acostumbrada a este tipo de concentraciones y protestas, ya que en ella se encerraron antes los estudiantes en protesta por el Plan Bolonia y es el epicentro de cualquier huelga estudiantil. En el primer piso del centro también está Elena Grau, la decana de la Facultad, que permitió que los jóvenes pasasen allí la noche y se reuniesen en asamblea para decidir qué actitud tomar ante las cargas policiales. Su rostro cansado da muestras de una noche dura. Grau responde con un tono casi maternal a las preguntas y muestra la discreción como uno de sus mejores dones.

“La casa está abierta, y siempre lo estará, para el diálogo”, explica Grau, quien con el semblante algo cansado recuerda cómo les dijo a los estudiantes “que pasasen a esta que es su casa, la casa de los estudiantes y que hagan las reuniones que quieran siempre que sean de forma pacífica, como fue el caso”.

Unos 400 estudiantes celebraron una asamblea en la Facultad de Historia en la que decidieron los actos para el día de ayer. La asamblea, abierta y muy participativa, se desarrolló hasta las tres de la madrugada, momento en que los estudiantes se retiraron quedándose una decena a dormir acompañados por varios guardias de seguridad.

Grau asegura que en ningún momento se planteó la posibilidad de no permitir la concentración en la universidad. De hecho, la misma decana fue la que recordó a la Policía que no podía entrar al recinto universitario, y además asegura que “para debatir las puertas de la universidad siempre estarán abiertas”.

Los estudiantes, al día siguiente, celebraron una asamblea en el vestíbulo antes de acudir al centro de la ciudad para apoyar la concentración en el Instituto Lluís Vives. Allí, resaltaron la necesidad de “manifestarnos pacíficamente para reclamar una educación pública de calidad”. Instantes después una chica alertó de la posibilidad de que hubiera “infiltrados” de la Policía, incluso en la misma facultad. En ese momento, Elena Grau abandonó su última fila y su perfil tranquilo para alzar la voz: “La Policía no ha entrado, te lo puedo asegurar”, dijo. La decana vuelve a esconderse; sólo abandonará la fila si alguien más pone en duda la autonomía universitaria, la de su casa de estudiantes.

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